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Problemas con el apetito de nuestro perro o gato

El apetito, el hambre, el placer de ver comer con ganas a nuestro animal constituye uno de los aspectos más significativos y gratificantes para el dueño de un perro o un gato.

El animal joven debe crecer, le gusta correr y saltar, está lleno de vitalidad. Al consumir mucha energía, tiene por lo general un buen apetito.

No todo funciona siempre a la perfección: existen algunos pequeños problemas y dificultades que giran en torno a la alimentación. Veamos algunos puntos más comunes.

Apetito aumentado

Se observa en los casos de crecimiento intenso, notable actividad deportiva, en la estación fría, cuando se emplean alimentos de baja calidad y poco nutritivos, por parasitosis, enfermedades debilitantes o convalecencias.

El dato más importante a tener en cuenta concierne a la evolución del peso. Si aumenta el apetito pero disminuye el peso, hay que llevar al animal al veterinario; lo mismo que si el peso aumenta demasiado, con riesgo de obesidad.
El gato en crecimiento debe aumentar unos 120 gramos a la semana a la edad de 2-4 meses, y 50-70 gramos hacia el 7°-8° mes.

Los perros jóvenes, durante los 5 primeros meses de edad, deberían aumentar unos 2-4 gramos diarios por cada kilo de peso de adulto (por ejemplo: un perro que de adulto habrá de pesar 20 kg, durante los primeros 5 meses debería crecer unos 40-80 g al día).

Apetito disminuido

El perro y el gato a veces necesitan menos comida de la habitual por diversos motivos: normales y patológicos.
Cuando el animal se hace adulto interrumpe el crecimiento corporal y permanece estable; debería pues comer menos, en relación a lo que consume. El calor, la mejor calidad de la comida y el paso a una vida sedentaria hacen que se reduzca el consumo de alimentos.

Existen asimismo enfermedades, sobre todo intestinales, que provocan náuseas, inapetencia y cólicos, y obligan al animal a ingerir menos comida. También en este caso la comprobación del peso nos ayuda a decidir si conviene acudir al veterinario.

Apetito caprichoso

Por apetito caprichoso se entiende una situación en la que el perro o el gato comen sin interés, desganadamente, casi “por obligación”. Un día olisquean la comida sin tocarla, esperando algún extra de la mesa de sus dueños, otro día comen sólo una parte de su ración, al día siguiente tienen un apetito casi normal.

Por lo general este fenómeno se observa cuando nuestros animales están hipernutridos o viciados, cuando no se acepta que su organismo no tenga hambre, cuando se pretende que el primer deber es comérselo todo, aunque sea demasiado.
La única medida en estos casos consiste en reducir drásticamente la cantidad de alimento, a fin de que el perro o el gato se den cuenta de lo que es pasar hambre de verdad.

No obstante, en algunos casos esta conducta está relacionada con ligeras patologías digestivas, parasitosis, sobrecargas hepáticas. Estas situaciones deben ser examinadas por el veterinario.

Apetito perverso

El apetito perverso se produce cuando el animal come o intenta ingerir sustancias que normalmente no deberían formar parte de su alimentación natural. Nos estamos refiriendo al caso en que, sobre todo el perro, come con avidez tierra, cemento, ladrillos, paja, madera, etc.

Evidentemente esta situación cae dentro de un cuadro patológico y suele estar asociada a fuertes desequilibrios o carencias minerales y vitamínicas, comunes en el joven en crecimiento.

Un problema de este tipo debería ser examinado siempre por el veterinario. También es posible que la ingestión de heces, propias o de otros animales. Se ha comprobado que la coprofagia, un tiempo considerada anormal, puede sin embargo ser fisiológica. No todos los propietarios aceptan esta desagradable evidencia; en ese caso habrá que recurrir a una serie de ejercicios educativos que la inhiban.