agaporni de cabeza rosada

Te presento a mi agaporni de cabeza rosada

Hace unos años que tengo la suerte de compartir mis días con un pequeño agaporni de cabeza rosada (o roseicollis). Te contaré algunas cosas interesantes sobre esta mascota tan amorosa.

1. ¿Amorosa? Sí. Por algo se les llama “pájaros del amor”. Los agapornis son muy sociables y cariñosísimos con sus parejas o con sus dueños. El mío no es una excepción.

2. También es territorial y celoso. Mi pequeñín me llama la atención cuando le estoy haciendo caso a mi otra mascota. Menos mal que se le va pasando un poquito esa inseguridad… 😀

3. Es muy activo. Le encanta jugar, saltar, arreglarse… En tres años que llevo viviendo con él, pocas veces lo he visto quieto por mucho tiempo.

4. Muy inteligente. Mi agaporni me ha dejado con la boca abierta más de una vez. Por ejemplo, agrupando pequeños juguetes que son del mismo color, sin que yo le haya enseñado ese juego. Le encanta curiosear, explorar y encontrar la manera de escapar.

5. ¿Escapar? Tuve que reforzar las puertas de su jaula con cierres adicionales, porque el pequeñín aprendió a abrirlas desde dentro. Esto no es sorprendente. Todos los agapornis son habilidosísimos escapándose.

De hecho, así fue como mi amigo colorido llegó a casa. Se escapó de su anterior hogar. Y un buen día, lo encontré comiendo semillas en el patio (en el comedero que les dejo a los gorriones). Lo invité a pasar y ahora somos familia.

6. Es jovencito. Cuando llegó aún tenía manchas negras en el pico y no le había salido esa diadema roja en la cabeza. Compara la foto de arriba con ésta que le hice cuando estaba recién aterrizado en casa:

agaporni

Si nos cuidamos y todo va bien, podemos estar juntos unos 15 años. Hay agapornis que llegan a los 20.

7. Imita sonidos. Mi agaporni no es muy conversador, pero sí se comunica. Imita algunos sonidos que tienen significado y sabe cuándo emplearlos: el chasquido de un beso, un silbido de “hola”… y muchos más. Lo raro es que esté en silencio.

Cosa curiosa: Aunque él no habla, le gusta mucho que yo sí le hable. Enseguida sabe si le estoy diciendo algo “bonito”.

8. Es delicado con la comida. Me ha costado horrores que probase a comer fruta. Lo he “perseguido” con variedad de piezas distintas y me he exhibido comiéndomelas delante de él sin demasiado éxito.

Lo que me está dando más éxito es “disfrazarlas” de juguetes y camuflarlas con las semillas que tanto le gustan. Poquito a poco, está comiendo variado.

9. Se entretiene solo. Es un pájaro muy sociable y amoroso, pero también pasa sus ratos divirtiéndose a solas con sus juguetes.

Las horas en las que estoy trabajando, mi pequeñín se entretiene con sus juguetes y ocurrencias.

10. Su mejor premio: el amor. Es esencial guardar un ratito cada día para compartirlo con una mascota como ésta. Demanda mucho cariño y atención.

Ese tiempo es sagrado. Mi agaporni lo pasa de cine cuando los dos jugamos y también es un premio para mí, porque su compañía es de las mejores. ¿Quién no levanta los ánimos al lado de una criatura tan alegre, juguetona y cariñosa?

Si vives con un agaporni, seguro que me entiendes. 😉