caja para gatos

El origen de las piedras para el cajetín de los gatos. (Gracias, Edward Lowe.)

Uno de los factores que hicieron posible que el gato dejará de ser un medio de control de plagas y pasase a ser una mascota se lo debemos, en parte, a Edward Lowe.

Él, fue el inventor de esas piedrecillas que sustituyeron a la arena en las cajas donde los gatos hacen sus necesidades.

Antes de la gran idea, los gatos usaban los jardines para este fin (como muchos hacen todavía) o con cajas de arena, tierra o serrín, pero ninguno de estos elementos era la solución práctica para atajar el problema de la limpieza de la caja y el olor de los excrementos de gato.

En 1947, una aficionada a los gatos de un pueblo de Estados Unidos buscó serrín para el cajón de su gato en una tienda local. Allí se vendían también gránulos de arcilla, que se utilizaban para absorber y limpiar derrames de aceite y grasa.

Edward Lowe, el hijo del dueño de la tienda, sugirió a esta mujer que se llevará las piedras de arcilla para su gato, y así nació una nueva industria.

Cuando la mujer volvió a por más, Lowe se dio cuenta de que el producto tenía potencial. Empaquetó los gránulos de arcilla en bolsas de dos kilos, y escribió el nombre Kitty Litter (basura de gato) en la bolsa, y sugirió al dueño de otra tienda que vendiera las bolsas a 65 centavos (unos 0,5 céntimos de euro).

En ese entonces, el kilo de arena costaba un centavo (menos de un céntimo de euro). El tendero se burló de él, así que Lowe cambio de estrategia: “Regálelas, y veamos cómo nos va”.

El invento convirtió a Lowe el millonario. Según el New York Times, las ventas de rellenos para cajas o areneros para gatos alcanzaron entre 600 y 700 millones de dólares al año, y cerca de una tercera parte de esa cantidad las absorben las marcas que fundó Lowe.

Imagen: Ocdp (Own work) [CC-BY-SA-3.0], via Wikimedia Commons